viernes, 2 de diciembre de 2011

Adornos de boda

Ya he comentado sobre cosillas para bodas en otra ocasión, pero esta vez la boda fue la mía, y como era de suponer preparamos algunas cosillas nosotros en lugar de comprarlas por ahí, por que este tipo de detalles hechos por nosotros mismos nos encantan (como ya habréis podido deducir viendo el resto de las entradas del blog), y además en una boda me parece importante tener detalles y toques personales, que la hagan única. Al fin y al cabo, si la boda es un día tan importante para la pareja, no es lógico que la hagas igual que la de las demás parejas.

Nosotros teníamos varias ideas, muchas de las cuales no se pudieron llevar a cabo por una u otra razón.
Por ejemplo, mi idea era regalar a los invitados detalles hechos con papiroflexia, como los pendientes de los que ya se ha hablado en el blog, pero no tuve tiempo para hacer y preparar tantas figuritas, y tuve que dejarlo para otra ocasión.
Lo que sí que hicimos fueron los meseros (esas cosas que se ponen en la mesa para que la gente sepa dónde se tiene que sentar), las invitaciones, las figuritas de los novios para la tarta y unos detallitos para los invitados.

Vamos por orden. Lo primero que se suele hacer son las invitaciones.
En muchos sitios de bodas te venden el pack entero, y en el precio van incluidas las invitaciones, que puedes elegir de un catálogo.
El caso es que decidimos ir a una casa rural en lugar de a un típico sitio de bodas (un poco arriesgado, por que no habían hecho nunca una boda, pero no nos arrepentimos, es más, lo recomendamos), y al no dedicarse a bodas, no hacen cosas como incluir las invitaciones.
Así que nos tocó hacerlas a nosotros... y una vez que tienes que hacerlas, pues ya aprovechas y haces un diseño en vez de comprar una hecha, que al final te cuestan lo mismo pero te queda una cosa mucho más personal.

A Luisa se le ocurrió la idea (no me preguntéis cómo se le ocurrió, a mi me llegó un día con el prototipo ya hecho) de hacer un dibujito de los novios en un columpio. Pero en un columpio de verdad... o sea, el dibujo recortado colgado de unos hilos.

Como podéis ver es una idea súper original, y además como los dibujos son de Luisa, muy muy personal.
Además se aguanta en pie bastante bien, y queda muy bonita si alguien la quiere dejar de adorno.
Nosotros sin ir más lejos, tenemos una en la estantería de los libros.

Aunque la idea me encanta, y me sentiría halagado si alguien decide utilizarla para su boda, os voy a comentar algunos detalles del proceso, que es lo que me parece realmente interesante.

Lo primero que hay que tener en cuenta, es que no vais a hacer 50 o 100 de estas invitaciones en casa, ya que querréis que estén hechas en un papel chulo, con una impresión decente... incluso le querréis poner relieve o letras doradas, o cosas similares. Así que tendréis que pasar por una imprenta.
Dependiendo de la imprenta y del presupuesto, habrá cosas que podáis hacer o no. A nosotros, por ejemplo, no tuvieron problemas para hacernos las dobleces de la invitación, pero sin embargo, recortar los novios y el arco no era posible, así que esa parte tuvimos que hacerla nosotros en casa.

Siempre es bueno tener una buena comunicación con las imprentas.
Yo soy de la opinión de que cuanto más fácil se lo ponga al de la imprenta, menos probabilidades hay de que la pifien. Así que intentad entregarle los diseños en el formato que os digan, con las características que os pidan.
En nuestro caso tenían un tamaño de hoja en el que podían encajar hasta 3 invitaciones, dado el tamaño que teníamos en mente.
Teniendo eso en cuenta, adaptamos el tamaño de las invitaciones para que encajasen bien en las medidas de hoja que nos dieron, y decidimos hacer 3 dibujos distintos para las invitaciones.
Cuando en la imprenta tienen que meter varias copias en una impresión, les cuesta lo mismo que las copias sean distintas que que sean iguales. Nos aprovechamos de eso para tener variedad de invitaciones.


Una vez que tenemos claras las medidas, es hora de hacer prototipos.
Cosas cutres, fáciles de hacer, y que no nos importe tirar y rehacer, que nos van a dar una idea muy acertada de cómo va a quedar el invento final, y con qué problemas nos podemos encontrar.

Al hacer el prototipo nos encontramos con que al doblar la invitación en forma de triángulo isósceles (dos lados largos iguales, y la base corta) los novios en el columpio, al caer rectos hacia abajo parecía como que estaban hundidos hacia el fondo, y el árbol del que cuelga el columpio parecía inclinado para atrás.
El efecto no quedaba demasiado bien, así que retocamos el diseño para cambiar ese triángulo isósceles por uno rectángulo, de modo que el frente queda vertical. El resultado fue mucho mejor, y nos dio pistas e ideas sobre cómo doblar y pegar las invitaciones.

Una vez definido el diseño, y hechos los dibujitos, rematamos el proceso en el ordenador, donde le colocamos el típico texto de "Estás invitado a nuestra boda", los teléfonos para confirmar asistencia, y un par de códigos QR con la localización de la iglesia y el restaurante. Casi nadie leyó los códigos QR... es más, la mayoría de la gente no sabía siquiera qué eran, pero no pude evitar ponerlos.

Cuando nos llegaron las invitaciones de la imprenta, tocó recortar, pasar hilo y pegar. Es un trabajo pesado, por que son muchas, pero no es complicado. Y como lo hicimos en casa, pudimos ir mezclando los tres diseños de novios con los 3 diseños de arcos, haciendo aún mayor la variedad de las invitaciones.

En los sobres para las invitaciones no pensamos hasta que tuvimos las invitaciones terminadas. Y nos topamos con que no había manera de encontrar unos sobres chulos que se ajustasen al tamaño de nuestras invitaciones caseras. Así que decidimos hacer nosotros mismos los sobres.

Hacer sobres es mucho más sencillo de lo que puede parecer en un principio. Decidimos sellarlos con lacre (la típica cera de los documentos medievales en los que estampas el sello mientras está caliente).
Para hacer el sobre únicamente tuvimos que comprar folios con un dibujo bonito (marmoleado, piel de elefante... el que más os guste), recortarlos para que tengan forma cuadrada, colocas en el centro la invitación, girada unos 45 grados, y doblas las esquinas hacia el centro. primero las de los lados, y luego arriba y abajo. A la solapa que queda por fuera se le echa la cera en la punta, y listo, sobre terminado.

Los sellos para lacre se pueden encontrar por las tiendas (nosotros encontramos varios en los mercadillos en nuestro viaje a Londres) o se pueden encargar.
Como en el momento no encontramos ninguno, y no podíamos esperar a que nos hiciesen uno a medida (que aún tardan, dependiendo del sitio), decidimos hacer uno casero.
Para hacer el sello casero utilizamos una lámina de estaño. Se consiguen fácilmente en tiendas de manualidades, y se les puede dar relieve con un bolígrafo. Así que hacerse el sello casero es tan fácil como dibujar algo en la lámina de estaño, darle relieve con un buril (o un boli, o cualquier herramienta de punta redondeada que tengáis a mano), recortar, y pegar con cola térmica a un taco de madera o de plástico.

Como eran muchas invitaciones, y lacrar todas nos iba a llevar un rato. En lugar de utilizar la técnica clásica de acercar una vela a la barra de lacre y dejar caer unas gotas en el sobre, lo que hicimos fue derretir la barra entera en una pequeña sartén (o en un cazo pequeño).
Recordad hacerlo a fuego lento, ya que si le dais mucha caña, empiezan a formarse burbujitas por en medio, y está demasiado líquido para aplicar el sello correctamente.
La sartén quedó completamente estropeada (ya contábamos con ello, por eso compramos una del baratillo), así que tenedlo en cuenta antes de utilizar algún cacharro de los que tengáis por casa.


Bueno, una vez terminamos con las invitaciones, os paso a comentar qué hicimos para los meseros.

Los meseros son los distintivos que se ponen en las mesas para que la gente sepa dónde le toca. Lo normal es poner un mapa en la entrada, organizando a la gente por mesas, y a cada mesa ponerle un nombre. Por ejemplo el nombre de una película clásica, o de un lugar, o similar.
A nosotros, que somos muy infantiles, y nos gusta jugar, nos parecía aburrido que la gente llegase, buscase su nombre y se fuese a su mesa, así que cambiamos un poco las cosas.

A la entrada hicimos un panel con los nombres de todos los invitados en cartulinas de colores, pegados con velcro.
El panel era un trozo de esterilla de yoga que tenía por casa. La forramos con fieltro gris, para que quedase más bonito, y para que se pegase el velcro.
También le pusimos un cartelillo con las instrucciones, y unas hojas de papiroflexia para adornar un poco.
Excepto lo que pegamos con velcro, el resto va pegado con cola térmica, que era lo más rápido y fácil, y eso son muchos puntos cuando estás preparando esto el último día.


Los invitados tenían que coger su nombre y buscar la mesa con el mesero de su mismo color.
Los meseros eran tiras de cartulina pegadas en forma de triángulo, con el velcro pegado en un lado, y unas cuantas grapas en una esquina.
Las flores de papiroflexia llevan un imán pegado, de modo que se quedan pegadas a las grapas. Pero quien quisiera, podía despegarlas y llevárselas para casa para colocarlas en la nevera.

La idea era que la gente llegase con sus nombres a la mesa, y los colocase en su mesero. Tal que así:

Las flores (por si a alguien le interesa) son el Cubo-Rosa mágico de Valerie Vann.
Es una figura que me encanta, por que es muy fácil de doblar (se puede hacer muy pequeñita), y además el hecho de convertir un cubo de dos colores en una rosa no tiene precio.
Si alguien quiere aprender a hacerlas, he encontrado un video en YouTube que lo explica muy bien.
 


Y más cosas. Ahora tocan las figuritas de la tarta.
Supongo que ya habréis visto de todo, y la verdad es que hay figuritas muy muy chulas y originales, pero a nosotros eso no nos llega, queríamos unas nuestras... muy nuestras.
Así que Luisa se puso manos a la obra, y decidió hacerlas de tela.

No es la primera vez que Luisa hace muñequitos de tela, o ropita para muñecas, así que ya sabía por dónde empezar. Aún así tuvimos que hacer unos cuantos intentos para que quedasen bien.

La base del muñeco es muy simple. Son dos siluetas cosidas entre si. Para hacerlo, lo más fácil es coser todo menos la parte de arriba de la cabeza, que utilizaremos para dar la vuelta a la tela, para que las costuras queden por dentro, para meter un esqueleto metálico para que el muñeco se aguante y se le puedan poner posturitas, y para meter el relleno.
Esa parte de la cabeza quedará tapada por el pelo, de modo que aunque las costuras no queden muy finas en esa parte, no importa, por que no se va a ver.

En la primera prueba hicimos los patrones del muñeco con los brazos hacia abajo. No tenía mala pinta hasta que intentamos levantarle los brazos, y nos dimos cuenta de que se le formaban unas arrugas muy feas en los hombros y los sobacos.
 Volvimos a rehacer los patrones, esta vez con los brazos abiertos (en cruz) y las piernas ligeramente separadas. Así después el muñeco permite mover las articulaciones con muchos menos problemas.

El esqueleto nos requirió varios intentos para conseguir algo que nos gustase.
Para hacer el esqueleto os recomiendo alambre de aluminio. Es un poco gordito, pero es ligero y fácil de doblar. Si no encontráis de aluminio, en cualquier ferretería tienen de acero, pero para darle forma necesitaréis unos alicates.
Una cosa que hace falta tener en cuenta es que es más que recomendable hacer una doblez en todas las puntas, sobre todo en las manos y los pies del muñeco. Los extremos del alambre pueden cortar o traspasar la tela, o simplemente engancharse, con lo que si acabáis las manos con una vuelta, os evitaréis problemas.
Además, es muy buena idea dar una puntada en las manos y los pies para unir la tela al esqueleto de alambre, para que así no se mueva del sitio, y claro, para poder atarlo hace falta que tenga al menos una pequeña vuelta.
También tenéis que tener en cuenta al hacer el esqueleto, que se lo vais a meter desde la cabeza, así que tiene que poder entrar por el cuello. Puede parecer complicado, pero al final llega con hacer un "muñeco de palos", que pasa perfectamente por el cuello, como cuando metes la mano en un guante..

El pelo se hace del mismo modo que el cuerpo, con dos piezas (una para delante y otra para atrás) cosidas, y dadas la vuelta, ,para que las costuras no se vean. Podéis hacer la "peluca" grande, y luego recortarle el peinado que queráis. También podéis utilizar hilos de lana o similares para hacer el pelo, en lugar de usar fieltro o tela.


Para la ropa... bueno, paciencia y buena letra. La mayoría de las prendas es más que recomendable que las hagáis todo lo simples que podáis, ya que a esos tamaños no es buena idea ponerse a hacer florituras.

Los ojos los hicimos con botones. Nos pareció lo más adecuado siendo muñecos de trapo, aunque a la gente que vio Coraline le parecieron un poco siniestros (también tuvimos quejas por los parecidos con los muñecos vudú), pero una vez rematados los muñecos quedan muy bien.

Para poder colocar los novios en la tarta necesitábamos una peana. Algo que evitase que los muñecos se manchasen de tarta, y que los mantuviese en pie mientras los paseábamos por ahí a la espera de regalárselos a alguna parejita.
Nos pasamos por un sitio en el que hacen carteles y piezas con acetato, y les pedimos que nos diesen un trocito de acetato, lo suficientemente grueso para poder hacerle unos agujeros, y así poder meter los pies de los muñecos para que no se moviesen demasiado.

Con un taladro tipo Dremel hice los agujeros en los puntos donde irían los pies de los muñecos. Lo suficientemente grandes para que entrasen holgados, y taladrando al menos la mitad del espesor (sin llegar a traspasar la base, pero con hueco suficiente para encajar los pies)
Después pegué unos imanes en los huecos de la base, y otros en los pies de los muñecos. No quedan especialmente bonitos, pero como apenas se ven, y cumplen su función de sostener a la parejita en su sitio, son una solución ideal.


Y ya para terminar, comentar algo de los regalitos a los invitados.
La costumbre en las bodas (al menos por aquí) es regalar puros a los hombres (y a veces cigarrillos a las mujeres). En general es una costumbre que me fastidia mucho. En primer lugar porque no fumo, así que es un regalo que no voy a usar ni a disfrutar. En segundo lugar, porque la gente con puros, se los fuma, y tampoco me gusta estar soportando el olor a tabaco de los demás (suerte que ahora ya se van a fumar fuera, antes se fumaba dentro, y el que me iba fuera a respirar era yo)
Lo peor es que cuando le dices a quien quiera que esté repartiendo los puros que no quieres, pues te quedas sin nada. Y la verdad, un detallito sí que me gusta llevarme... pero a veces los de las mujeres son "inadecuados", o están contados, y no pueden darte ninguno.

Dado este panorama, desde el principio decidimos que no habría puros en nuestra boda, y que no se podría fumar dentro (comentarios de antes de la ley anti-tabaco, cuando aún se podía). Y claro, al no utilizar la solución típica, había que buscar otra.

Ya comenté que mi idea era hacer figuritas de papiroflexia para todo el mundo, pero que no hubo manera de sacar tiempo para prepararlas.
Al final fue mi madre la que dio con la idea. Darle a los invitados botellitas con licor casero (en este caso, licor café, muy típico de por aquí).
Las botellitas son de 100 ml, con lo que aunque sean muchos invitados, tampoco son tantos litros. Mi madre las compró en un bazar chino (que es impresionante, fue allí, vio unas que le gustaron y les pidió 100, y se las tenían en 2 días).

Si no tenéis suerte con los bazares chinos, hay cantidad de páginas en internet, especializadas en bodas, en las que no sólo os pueden vender las botellas vacías, si no que tienen la opción de vendéroslas ya con el licorcillo. Y en eBay también hay cantidad de botellas vacías a la venta.

Eso sí, mi consejo, para que sea un regalo personal, es que el licor sea casero. No estoy hablando de montar un alambique o una destilería, que en general es ilegal (sin licencia) e incluso peligroso, ya que si se hace mal puedes hacer veneno en lugar de licor. Si no de preparar algo más sencillo.
El licor café se hace con orujo comprado, café molido, agua y azúcar. Puede quedarte más o menos rico, pero lo seguro es que no envenenarás a alguien, ni te hará falta ningún equipamiento especial o ilegal.
Buscando por internet se encuentran facilmente recetas para preparar licor café. Aquí os dejo el enlace a una de ellas: Receta para Licor Café.
Otros licores se hacen dejando macerar alguna mezcla durante tiempo en el aguardiente. Algunas marcas ya venden la mezcla preparada para que tú únicamente tengas que comprar el orujo y dejarlo macerar.
En Licores Zirall, por ejemplo, venden además de los licores preparados, algunas mezclas para prepararlos.

Al final, nuestras botellitas, con su licor, y con la etiquetita de recuerdo, con dibujete de Luisa, quedaron tal que así:

Y bueno, aquí lo dejo ya por hoy, que me ha salido un post mucho más largo de lo que esperaba en un principio, pero con pocas fotos del proceso, que en general considero la parte más interesante... pero bueno, supongo que sabréis perdonarme, que mientras estás preparando una boda, lo último de lo que te acuerdas es de sacar fotos al proceso para ponerlo luego en el blog.

En cuanto pueda... más cosas.